Emergencia social: Vistazo y opiniones de una discusión.
Emergencia social: Vistazo y opiniones de una discusión.
Abordar un tema que ha generado tanta controversia puede ser difícil por múltiples motivos. Nunca se sabe si ya se ha dicho lo que se tiene como postura personal, si el comentario emitido por cualquier persona se tendrá en cuenta y, en definitiva, siempre se hablará desde el desconocimiento completo porque es muy complejo abordar un tema que atañe a la salud pública y cumple con inimaginable rigurosidad la definición de tema de salubridad con su adjetivo de social. ¿y de emergencia?
Observar desde afuera el tema es la tarea más sensata que puede tener el crítico circunstancial para hablar. Pero para cumplir la tarea a cabalidad debe conocerlo, desglosarlo, haber abstraído detalladamente lo que en sí misma la propuesta dice y quiere decir. Es quizá la parte complicada del proceso pues el hecho de sentarse a escribir luego de las producciones mentales generadas por las reflexiones detenidas del observador consiste más en compartir palabras que ha confrontado consigo mismo que en exponer el tema per se, labor que desarrolla para ser escuchado y aportar al continuo conversatorio que ello puede establecer.
No pretendo entonces comenzar a hablar de lo escrito, ya dicho, ya expuesto, presentado e incluso parcializado en el Foro Abierto por la Salud Pública. No. Para eso se hubiese obviado ese encuentro y la tarea de escribir un ensayo tendría otro planteamiento. Pretendo apersonarme de las conclusiones del día y exponerlas de alguna manera tratando de cumplir con la tarea y con la labor de ciudadano/estudiante de medicina/usuario de los servicios de salud/colombiano/futuro médico/persona política.
Con el temor eterno de enfrentarse a una hoja en blanco por delante y una posición de observador impertinente, pretendo mostrar opiniones personales sobre la fuente de noticias de los últimos meses para concluir con peticiones y preguntas. Aunque parezca la cosa política, el noticiario deportivo o cualquier otra cosa, expondré en términos de lo bueno, lo malo, lo feo, lo nuevo, la verdad, la mentira, la fachada y la conclusión sobre mi posición.
Me parece que lo bueno que ha traído este suceso es la unión de gremios. Luego varias décadas de protestas aisladas y manifestaciones casi individuales, se unen nuevamente médicos, pacientes, usuarios, academia, políticos, estudiantes y todo el que se siente afectado para protestar por sus derechos, con consignas acusadoras que lo único que quieren es mostrar la realidad que se vive desde un punto de vista más sarcástico o satírico, como se quiera ver, con el simple fin de llamar la atención sobre el asunto. Ésta vez nos tocan en lo más superficial pero necesario. No es una lucha por el petróleo, por el poder político, por los derechos de las etnias o la distribución de dinero. No, esta vez no es tan ‘pequeño’. No sé si eso no se hace muy notorio para la población general, el hecho de ver la unión gremial que existe al respecto.
Lo malo: éste no es un problema nuevo. Si la vaca supiese a qué la llevan al matadero seguramente opondría más resistencia e imposibilitaría su movilización. Creo, solidarizándome con las vacas y hablando en pro de ellas, que no irían ‘voluntariamente’ si supiesen su trágico final desmedulante. Pero siempre habrá quién engatuse a la vaca y le diga que van a tomarse unos traguitos y luego miran qué pasa. Es el caso del sistema de salud. Tiene un yugo muy fuerte por el que apenas ahora viene a protestar luego de varios años de llevarlo al lomo.
Ésta no ha sido una encrucijada resultante del 9/11, de la reciente caída de la bolsa o del terremoto de Haiti. Es algo que se veía venir desde hace un buen tiempo. La vaca marcada con la sigla SGSSS estaba avisada que podía verse truncada en algún proceso, pero no importaba porque al final los dueños seguían recibiendo con que mantenerse. Ya se avistaban desde la ley 10 de 1990, 100 de 1993, 715 de 2001 e incluso la 1122 de 2007 que habían fallas en el planteamiento económico y que no era nada equitativo. Pero a pesar de considerarme algo ecléctico y conocer a muchos que sí les encanta ese modus vivendi no conozco una colcha de retazos más grande que la ley 100, por tomar el ejemplo que más me sorprende.
Lo que asusta de ello no es la mala costura con que se unieron los retazos, sino ver el hecho que para la actualidad cada artículo tiene más parágrafos que varias constituciones juntas. Aún me pregunto si ese es el problema: las modificaciones que ha sufrido el documento. Me hubiese gustado seguir la historia desde el principio para ver en qué punto comenzó a cambiar. Y con esto me voy para la mentira, porque estaría comprando una colcha nueva.
Esta nueva propuesta de decretos no complementa la ley actual en salud. No le cambia algunos aspectos. No la mejora. Erradica la ley actual y quizá de las cosas que más admiro de la ley 100: los principios en los que se fundamenta. ¿Dónde quedó la universalidad? ¿dónde quedó la equidad? Es algo decepcionante saber que ahora más que una historia clínica completa debe interrogarse por los antecedentes financieros del paciente, y que más que un examen físico detallado es una evaluación de crédito con la misma exhaustividad. Es indecente y atrevido aseverar que el sistema no cambiaría con la aprobación de los decretos. Es una mentira de frente más que se le adeudaría a la política colombiana decir eso. Y, siendo consecuente con la frase anterior, sí, sí nos están diciendo mentiras de frente.
Pero eso no es nada nuevo. Ya lo decía. Lo que sí es nuevo es que los impuestos ya cobrados no son suficientes para enriquecer a las puntas de las pirámides de trabajo. Ya no basta con sacar una bueno tajada del sueldo a los devengantes colombianos sino que se pretende aumentar el impuesto al alcohol, a los juegos de azar y al cigarrillo. Pensando de una manera repudiable, no sabría si, en aras de lucrarme rápidamente y en gran cantidad, trabajar con un laboratorio farmacéutico internacional o meterme de ratifica del gobierno colombiano, aunque cabe la posibilidad de pedirle prestado a un amigo, montar una EPS y cumplir con todas las anteriores.
Y es precisamente eso lo feo. Que no todo el mundo puede hacer ese tipo de gracias pero sí le toca embargar la casa, pagar con sus cesantías y hasta empeñar la conciencia para pagar. Pero por favor, amable lector, no distribuya este texto. No quiero que me empiecen a cobrar IVA del 20% o más por opinar o criticar. Y con eso quiero decir que no hay garantías garantizadas según los decretos 128 y 131. Y no es algo que haya expresado alguna persona, sino que en el mismo discurso y discusión entre el presidente y el ministro de protección social se nota esa evasión al hablar del tema, o en los mismos regaños del uno contra el otro… Lastimosamente nos queda esperar los resultados de esta situación mientras se protesta o se genera un cambio por parte del pueblo y los dirigentes comprometidos con él.
Y los dejo con la verdad y la conclusión. El SGSSS y el gobierno están por asegurar un adecuado servicio de salud. Pero lastimosamente, amigos del gobierno, presidente, ministro, esto no es un tema político, esto es medicina. En este caso la salud pública juega como intermediario, no como centro del problema. Quizá en la política se acostumbre a hacer protocolos y guías de manejo para todos los procesos penitenciarios y jurídicos y todos los que se quieran, pero para este oficio que tiene más de 10.000 procesos/enfermedades es dispendioso, e imposible cuando se considera que cada persona es un caso particular por el simple hecho de tener un código genético diferente, sin tener en cuenta sus factores ambientales, socioculturales y todo lo necesario para hacer un buen proceso médico.
Lastimosamente, como decía al principio, estoy en una posición de observador impertinente. No me siento lo suficientemente ‘varón’ (ya que está en boga la palabra) para actuar al respecto. Pero sí me siento obligado a decir lo dicho, a plasmar mi visión y compartirla, siempre con ese temor ya mencionado pero convencido de haber cumplido mi labor.
Luis Felipe Echeverri C.